El arte como memoria, otro lenguaje y resistencia de los pueblos indígenas en Colombia

Publicado 22 Oct 2019
Modificado por última vez en 22 Oct 2019

  • •Desde el 12 de octubre y hasta el próximo 3 de noviembre, tres piezas creadas por artistas indígenas para el Informe Nacional de Memoria Histórica harán parte del Tercer Festival de Arte y Decolonialidad.

  • •La exposición puede ser visitada de martes a domingo de 9:30 a.m. a 4:00 p.m. en las instalaciones del Museo Colonial, ubicado en la Carrera 6 #9 - 77 en la ciudad de Bogotá. Además, la exposición contará con un conversatorio sobre esta temática el próximo 1 de noviembre a las 2:00 p.m.

  • •Las obras también serán expuestas en el lanzamiento del informe, el cual se llevará a cabo el próximo 18 de noviembre en el Teatro Colón, de 4:00 p.m. a 6:30 p.m.

"El arte es otra forma de resistencia. El arte nace con la mujer Wayuu. Son las Abuelas quienes transmiten esta sabiduría": Paola Gouriyu.

Eliana María Muchachasoy, Fixonder Huipa y Aldibey Talaga son artistas indígenas de diferentes regiones del país. Tras una convocatoria de la Organización Nacional Indígena de Colombia –ONIC- en la que se invitaba a reflexionar en torno a la: "Memoria Viva de las luchas indígenas en Colombia", cada participante desarrolló una obra que expresa una realidad: la memoria viva de los Pueblos Indígenas se expresa en diferentes lenguajes, entre esos el arte.

Las obras que salieron ganadoras del concurso, en el que  se presentaron 35 artistas de todo el país, fueron un acrílico sobre lienzo, una intervención a un vestigio de guerra y un cántaro hecho en chaquira a mano. Las tres obras narran desde la lucha de líderes indígenas que cayeron por la defensa de la Madre Tierra y la salvaguarda de sus derechos, hasta los principios que comparten los 102 Pueblos Indígenas del país: Unidad, Territorio, Autonomía y Cultura.

Por ejemplo, Do Fare o “Padre del río o agua” es el nombre que lleva la creación realizada por Fixonder Hiupa Nacavera y su familia, todos Indígenas Embera Chami. Este es un Cántaro en honor a Kimy Pernía.

“Kimy fue un gran líder indígena que lo asesinaron por salvaguardar el agua y el territorio, por defender el Río Sinú, él se oponía a la construcción de la hidroeléctrica Urra”, dijo Fixonder. La obra hecha en chaquiras tiene diferentes grabados haciendo alusión a los distintos pensamientos, colores, cosmogonías y diversidad que existe entre los Pueblos Indígenas.

El diseño en honor a Kimy Pernia, como las creaciones de Eliana Muchachasoy, indígena Kamëntsá del Valle de Sibundoy y la de Aldibey Talaga, indígena Nasa, coinciden en reforzar una de las ideas centrales que condensará el Informe Nacional de Pueblos Indígenas de la ONIC y el CNMH: la perspectiva de “larga duración” del conflicto para con los Pueblos indígenas. “Las obras reflejan que, en el pasado, presente y el futuro la lucha por pervivir como pueblos indígenas ha sido una constante”, aseguró Fixonder Hiupa.

Estas y otras perspectivas fueron las que hicieron posible que cada una de las obras que ganaron la convocatoria de la ONIC, también fueran tenidas en cuenta en varios espacios como: el Encuentro Nacional de Daño Cultural en Cartagena organizado por el CNMH, la exposición en la Jurisdicción para la Paz “Cuenten con nosotros para la Paz, nunca para la guerra” y ahora en el Festival de Arte y Decolonialidad que se celebra en el Museo Colonial.

Estas tres obras de arte indígena, al igual que las 40 ilustraciones y más de 40 fotografías que aparecen en el Informe, hacen parte integral de la Memoria Viva de los Pueblos Indígenas. Estas son otras formas de expresar la sabiduría, el arte de sanar, equilibrar y armonizar los Tiempos de Vida y Muerte.

“Son estas las otras múltiples formas de entender y comprender la memoria viva y diversa de los Pueblos Indígenas en Colombia”, resalta Óscar Montero, Líder Indígena Kankuamo y Coordinador del Informe de Memoria Histórica de los Pueblos Indígenas de Colombia.

Además, el proceso de selección de las obras que terminan haciendo parte del Festival Arte y Decolonialidad, funciona mediante convocatoria abierta dirigida a artistas en general (estudiantes, profesionales o empíricos). Dicha acción “es llevada a cabo por un equipo de trabajo colaborativo al que llamamos ‘Colaboraduría’ ”, relató David Arteaga, organizador de la exposición.

Así pues, cada una de las piezas hará parte más específicamente de un concepto de exposición colectiva in situ en el que se busca “dignificar otras formas de existir”. Para Arteaga, “el espacio logra interpelar formas de sentir, pensar y actuar que lleven a resignificar imaginarios”. Esto, sin olvidar que la historia se entiende no solo como pasado vivido, sino también como presente constante y forjador de memoria.

* Esta tercera versión del festival que reúne un nodo de artistas, investigadores, organizaciones y sociedad civil se desarrollará en escenarios como el Museo Colonial, la Galería Desborde y el Centro Cultural A Seis Manos. A su vez el festival contará con una intervención en espacio público.

Contactos

Óscar Montero
Coordinador del Informe de Memoria Histórica de los Pueblos Indígenas de Colombia - Consejería de Derechos de los Pueblos Indígenas, Derechos Humanos y Paz ONIC
oscardavidmontero@gmail.com 

David Arteaga
Director Festival Arte y Decolonialidad
Animal Simbólico
animalsimbolico.nc@gmail.com

 

Machuca, Antioquia; la ilusión a flor de comunidad

Publicado 29 Oct 2019

  • •Hace 21 años, Colombia conoció en dónde quedaba el corregimiento de Machuca. En esa tierra del nordeste antioqueño, el Eln produjo una  explosión en el oleoducto que por allí pasaba y además detonó una carga explosiva que provocaría un gran incendio. 84 personas murieron. Los hechos se conocen como la masacre de Machuca.

  • •Históricamente, este corregimiento del municipio de Segovia se ha visto atravesado por la falta de oportunidades, la disputa entre actores armados, el estigma y el abandono. Sin embargo, sus pobladores han desarrollado sus propias iniciativas para conmemorar y para seguir adelante.

Al tiempo que la canción “Pedro Navaja” se apoderaba de las pistas de baile de América Latina, su letra -por si solita- empezaba a ser comparada con algunas de las mejores crónicas de este lado del continente.

Cuando Alberto Salcedo dijo que los vallenatos de antes eran cuentos bien contados, muchos le dieron la razón. Y cuando Carlos Pacheco -en ese entonces soldado profesional del Ejército-, escribió “Barbarie en Machuca”, parecía que para Fraguas (Machuca), el resurgir no fuese más que una quimera.

Su composición vallenata reza: “una madrugada del 18 de octubre del año 98, en el pueblo de Machuca, ahí llegó la guerrilla y se tiró el oleoducto causando muertes injustas. Una llamarada de grandes magnitudes, de la forma más absurda. Los ancianos gritaban y los niños lloraban con enormes quemaduras. Fue tan enorme esa explosión que hasta cultivos arrasó y aquel río contaminó, fue un pueblo humilde y soñador que un día las llamas consumió con su esperanza e ilusión”.

Y sí, es cierto, de aquella madrugada quedó un saldo de 84 personas muertas (42 de ellas niños), pero también la fortaleza para iniciar un proceso conmemorativo propio.

El pasado jueves se conmemoraron 21 años de lo ocurrido. Y los pobladores, como año tras año, desarrollaron acciones para mediante el recuerdo dignificar a sus seres queridos y para volver a poner sobre el tapete, el Machuca que desean, por el que han venido trabajando.

Una eucaristía en el cementerio; una reunión en el parque que incluía el descubrimiento de una pirámide que contiene piedras con los nombres de las víctimas de la masacre; y una marcha que recorrió “Barrio Nuevo” (el barrio que terminó más afectado), fueron algunas de las actividades desarrolladas el jueves pasado.

Precisamente, quienes decidan emprender un viaje de 10 horas para llegar a Machuca -distancia que separa a Medellín de este corregimiento-, se encontrarán con un “Barrio Nuevo” repleto de casas pintadas de todos los colores. Los mismos que la comunidad decidió utilizar para pintar las piedras incrustadas en la pirámide. Es como si se tratara de recordarse que la vida es mejor verla así, a color.

Atrás han quedado las casas en madera, las que se convirtieron en lo que señalan los mismos machuquitas: “la leña de los cuerpos que las habitaban”.

La huella que dejó el paso de las llamas por este barrio no impidió que personas como Maribel Agualimpia, desarrollaran -allí mismo y casi al tiempo de la tragedia-, sus apuestas de vida. Hace 20 años, “Machuca Digital Stereo” se convirtió en la plataforma que le permitiría a la comunidad estar informada, y a Maribel, convencerse de que sí valía por sí misma.

Aquella mujer, cuyo exesposo la maltrataba y que le decía si lo dejaba no sobreviviría porque “no sabía lo que era trabajar”, es la responsable de que día a día y desde el 23 de agosto de 1999, los barrios Lagunita, Las Brisas, Bolívar, La Batea, La Esperanza, Buenos Aíres y por supuesto Barrio Nuevo, estén informados de lo que pasa en su corregimiento, en su municipio y en el país.

“En noviembre del 98 me fui sola a Medellín, pasé diciembre, pasé enero y me apegué mucho a la música y a las noticias porque me sentía sola. Y me dije, yo algún día tengo que ser comunicadora”, relata Maribel, una chocoana que llegó a Machuca a los 12 años y que, tras sobrevivir a la masacre se desplazó a Medellín.

Sin embargo, la tierra y el deseo de reencontrarse de nuevo con sus hijos, “jaló más”. Casi al instante surgió la oportunidad que Maribel estaba esperando: participar de un curso de comunicación ¡Era el momento!

“El curso lo hicimos nueve jóvenes y yo que ya tenía 39 años. Lo terminamos y quisimos seguir. Fue un impacto muy grande para la comunidad porque acá las noticias eran por megáfono. Al iniciar no sabíamos cómo transmitir, no hablábamos bien y la gente se nos burlaba mucho. Muchos de mis compañeros no se aguantaron los comentarios y se fueron, pero yo sabía que este era un proceso que valía la pena”, sostiene Maribel.

De esos inicios de lucha por dotar de equipos a la emisora, esta mujer recuerda acciones como la cartelera que construyeron para que el gobernador de ese entonces, Aníbal Gaviria, no pudiera esquivar mientras daba un discurso en una visita que programó al corregimiento. El resultado fue positivo; gracias a esa iniciativa de la sociedad civil, la emisora recibió una donación del entonces mandatario.

Con aún más cariño, aparecen en la memoria las primeras “complacencias”. Estas, no eran nada diferente a las canciones que los oyentes le pedían. Las melodías que le gustaban a los esposos, a las hijas o a las madres que se fueron en la tragedia del 18 de octubre, siempre fueron solicitud recurrente.

La emisora se ha convertido entonces en reflejo de la voluntad de servicio del machuquita para con los machuquitas. En ella, se pasan los avisos de capacitaciones, se entregan informaciones relacionadas con la alcaldía o gobernación, se notifica sobre el estado de procesos tan importantes como el de reparación individual y reparación colectiva, y se anuncia la siempre esperada llegada de las brigadas médicas.

“Este ha sido mi sueño, yo seguiré hasta el día en que me muera y como le he dicho a mis hijos: esto es de la comunidad. Lo he hecho con mucho amor y queremos seguir construyendo futuro”, reitera Maribel cuando se le pregunta hasta cuándo seguirá ofreciendo este servicio.

En esa perspectiva de esperanza y de futuro en la que ha venido trabajando la comunidad, también han aparecido nuevos procesos. Uno de ellos es el semillero de radio y de memoria con la Institución Educativa Fray Martín de Porres, la única que existe en la cabecera del corregimiento.

Esta iniciativa acompañada por el Centro Nacional de Memoria Histórica se ha transformado en un espacio para conocer los temas que los niños, niñas y adolescentes de Machuca piensan en su cotidianidad, así como para poner en los lenguajes de la radio, perspectivas en torno a la comprensión de la memoria y de los derechos humanos.

Machuca se reinventa, desde el anhelo de sus personas mayores por traer de vuelta las épocas de libertad y sana diversión, pasando por el manifiesto de un futuro digno que hacen sus niños y niñas, y concluyendo en los esfuerzos de sus organizaciones por garantizar el acceso a condiciones de bienestar.

 

Bogotá y Medellín se unen por la memoria histórica como elemento de estudio en las escuelas

Publicado 12 Nov 2019
Modificado por última vez en 19 Nov 2019

  • Estudiantes y docentes de grados décimo y once de ambas ciudades presentarán los resultados de iniciativas escolares interdisciplinarias que han venido desarrollando durante el 2019.

Las iniciativas escolares de memoria histórica serán el puente que entre el 14 y el 16 de noviembre unirá a Bogotá y Medellín. En ambas ciudades se realizarán muestras destinadas a presentar los resultados de trabajos escolares de estudiantes de grados décimo y once que han incorporado a sus ejercicios de clase la Caja de Herramientas: un viaje por la memoria histórica, diseñada por el Equipo de Pedagogía del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH).

La actividad de Medellín, denominada Segunda muestra creativa de experiencias en pedagogía de la memoria, se realizará el jueves 14 de noviembre en las instalaciones del Centro de Innovación del Maestro (MOVA), mientras que la Muestra de iniciativas escolares de memoria histórica de Bogotá será el sábado 16 del mismo mes en el Hotel Tequendama.

“Estas muestras darán cuenta de las reflexiones de los estudiantes sobre la memoria histórica del conflicto armado desde distintos lenguajes, mostrando cómo el análisis sobre el pasado adquiere relevancia y significado en contextos puntuales”, afirmó María Andrea Rocha, Líder del Equipo de Pedagogía CNMH, quien además explicó que “cada ciudad, e incluso cada institución educativa, vivió procesos y recorrió caminos diferentes aunque todas hayan trabajado con la Caja de Herramientas: un viaje por la memoria histórica como un referente”.

Las iniciativas escolares de memoria son el resultado del trabajo interdisciplinario y transversal que hacen estudiantes y docentes de los grados décimo y once del país, quienes incorporan la memoria histórica, a partir de los casos puntuales de Portete y El Salado, en clases como ciencias sociales, ética, danza, artes plásticas, música, deportes y filosofía.

Según expresó el profesor Elkin Ospina, de la Institución Educativa Juan de la Cruz Posada de Medellín “esa transversalidad es la que permite resultados tan diversos, pues los estudiantes no solo aprenden los conceptos en clases de democracia, derechos humanos y ciudadanía, sino que se ven obligados a reinterpretar, analizar y empatizar con el conflicto armado y sus víctimas a través de distintas formas de expresión como la pintura, fotografía, video, poesía, artes plásticas y el performance, la danza y cualquier otro medio artístico”.

En el caso de Bogotá una de las iniciativas que llama la atención es el Museo Escolar de Memoria Histórica del Colegio La Giralda, ubicado en el barrio de Las Cruces, donde los estudiantes y docentes llevan varios “años explorando estrategias que les permitan expresar, sensibilizar y transformar a partir de las experiencias propias de los estudiantes y sus interacciones con la comunidad, pues existen muchos estigmas y barreras invisibles frente a quienes viven en este barrio”, dijo la profesora Nydia Pérez.

De hecho, desde La Giralda y su Museo Escolar van a presentar iniciativas que fusionan la tecnología mediante el uso de dispositivos móviles con las reflexiones de los estudiantes a través del performance. En palabras de la profesora de danzas Laura Alejandra Suárez, “se trata de una pieza de baile en tres actos inspirada en las comunidades Wayuu de Portete y la forma en que fueron victimizadas: utilizaremos elementos de la danza contemporánea para despertar en los estudiantes sensaciones que los llevarán a reflexionar acerca de estos sucesos y su aporte como colombianos para la construcción de paz”.

En total, las dos ciudades presentarán más de 30 iniciativas escolares, que en el caso de Medellín integrarán a municipios como Carepa, Rionegro, Abejorral, Heliconia, San Vicente, Itagüi y Bello; mientras en Bogotá la actividad se realizará con los colegios de la Alianza Educativa.

 

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 Lizeth Sanabria


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